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Valparaíso refuerza capacidad municipal para aplicar la FIBE Digital

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    Municipalismo Chile
  • hace 9 horas
  • 3 min de lectura

Más de treinta funcionarios municipales de la Región de Valparaíso se capacitaron en la FIBE Digital, una modalidad en marcha blanca que registra datos directamente en terreno. La mejora promete reducir tiempos y errores, pero exige conectividad, dispositivos, protección de información y continuidad operativa durante las emergencias.


La jornada se realizó en dependencias de la Seremi de Desarrollo Social y Familia y reunió a equipos de distintas comunas. Según la cobertura de Marga Marga TV, el sistema permite ingresar la información desde un dispositivo conectado a internet, eliminando el tránsito por formularios de papel y una digitación posterior.


La Ficha Básica de Emergencia es el instrumento que levanta información sobre hogares afectados y permite orientar apoyos estatales. Por eso, el tiempo y la calidad del registro tienen consecuencias concretas. Un error en la identificación, dirección o composición del hogar puede retrasar evaluaciones; una ficha que demora en llegar al sistema central puede extender la espera de una familia que perdió bienes o habitabilidad.


El seremi de Desarrollo Social y Familia, Nicolás Cerda Díez, indicó que la modalidad digital podría reducir aproximadamente a la mitad el tiempo requerido para enviar la información al ministerio. La encargada comunal de la FIBE en Limache, Danitza Carvajal, valoró la posibilidad de verificar datos en tiempo real y disminuir errores que antes aparecían durante la transcripción desde el papel.


La FIBE Digital busca que el dato levantado en terreno llegue más rápido y con menos errores, pero su utilidad dependerá de que el proceso completo funcione durante una emergencia real.

Digitalizar el formulario no basta


La ganancia más visible es eliminar una etapa manual. Sin embargo, la transformación no consiste solo en cambiar papel por pantalla. El municipio debe definir quiénes están habilitados, qué zonas cubre cada dupla, cómo se asignan los casos, quién revisa consistencia y qué ocurre cuando falta señal, batería o energía. Si esas condiciones no están resueltas, el cuello de botella cambia de lugar, pero no desaparece.


La marcha blanca es una oportunidad para probar escenarios adversos. Los ejercicios deben incluir conexión intermitente, dispositivos dañados, hogares sin dirección formal, personas ausentes, duplicidad de registros y necesidad de corregir una ficha. También se requiere un procedimiento de respaldo y sincronización posterior, de manera que la caída temporal de la plataforma no detenga el catastro ni genere bases paralelas imposibles de conciliar.


La protección de datos es central. La ficha contiene información personal y social levantada en un momento de vulnerabilidad. Los equipos necesitan reglas sobre autenticación, custodia de dispositivos, visualización, almacenamiento y reporte de pérdida. Compartir capturas o listados por canales informales puede agilizar una coordinación puntual, pero aumenta riesgos de exposición y debilita la trazabilidad.


La interoperabilidad también debe observarse. El dato de la FIBE sirve para ayudas, pero los municipios manejan además inspecciones de vivienda, salud, emergencias, albergues y asistencia social. No todos esos registros deben mezclarse, aunque sí necesitan mecanismos para reconocer el mismo hogar y coordinar seguimiento. El desafío es evitar tanto la duplicación como el acceso indiscriminado.


Capacidad regional y continuidad operativa


La capacitación regional ocurre después de emergencias que ya exigieron ampliar equipos. El 22 de julio, la Municipalidad de Valparaíso informó que más de cien funcionarios de áreas sociales y de construcción fueron preparados para reforzar duplas técnico-sociales y aplicar fichas en terreno. Para entonces, el municipio señalaba haber completado más de un centenar de FIBE.


Ese antecedente muestra que la tecnología necesita escala organizacional. Una comuna puede disponer de la plataforma y aun así demorar si cuenta con pocas personas habilitadas, zonas mal asignadas o supervisión insuficiente. Mantener una nómina vigente, realizar capacitaciones periódicas y proyectar cobertura según escenarios permite saber cuántas fichas pueden levantarse por día y cuándo solicitar apoyo.


La calidad debe medirse con indicadores simples: tiempo entre reporte y visita, porcentaje de fichas devueltas por error, duplicados detectados, tiempo de sincronización y familias pendientes por sector. Medir solo cantidad de funcionarios capacitados informa esfuerzo, pero no demuestra que el sistema sea más rápido o confiable. La marcha blanca debería cerrar con una evaluación compartida entre ministerio y municipios.


También se requiere comunicación ciudadana. Las familias deben saber quién aplica la ficha, cómo identificar al funcionario, qué información se solicita y que completar el instrumento no equivale automáticamente a recibir un beneficio. Explicar el proceso reduce expectativas incorrectas, previene fraudes y facilita que los hogares tengan disponibles sus antecedentes.


La FIBE Digital representa una mejora relevante porque acorta el trayecto del dato desde el territorio hacia la decisión pública. Su éxito dependerá de que la modernización mantenga una alternativa operativa, proteja la información y mejore efectivamente la atención, incluso cuando la emergencia afecta las mismas redes de energía y telecomunicaciones que sostienen la plataforma.


¿Ha probado su municipio la FIBE Digital bajo condiciones reales de baja conectividad, alta demanda y turnos extendidos, o la capacitación todavía se concentra en el funcionamiento normal del sistema?

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